martes, 24 de febrero de 2009
A.M. (22/02/09)
Desde cuando el oleaje no infunde sus armas, sus armas termitas, sus armas fértiles y huracanadas, su viejo mástil de hierro y sal. Desde cuando el oleaje no infunde el poder, el poder de las alas del mar. Desde cuando ya no somos “hijos de la mar”, esos eternos hijos que fuimos siempre hijos de ti. Si la mar es nuestro seno, la tierra nos permite caminar. Pero recordemos siempre, siempre somos, siempre fuimos y seremos esos “hijos de la mar”. Los que empuñan y se encuentran exiliados o en combate y tan “casi desnudos” al final, desterrados y sin cargas y por fin “ligeros de equipaje”, siempre alertas, una vez más.
viernes, 20 de febrero de 2009
Juramento y zozobra
No tengo hermanos, ni tengo nombre, pero estoy hecha de sal de mar. No tengo manos, ni mucha hambre, pero me espero mil veces antes de naufragar. Tengo un bote que me salva siete vidas antes de zozobrar, y respiro hasta diez siempre que quiero recobrar la paz. No tengo juramentos de antemano, pero te pido la mano cada noche, y te respondo dentro de mi cal. No tengo dudas pero sí muchas ansias de vivir más (y también muchas otras de que me dejen ya). Échame al mar, deprisa, échame al mar, con todas mis ansias, mis minas, mi velo y mi chispa me dejen respirar.
miércoles, 18 de febrero de 2009
El secuestro de la miel
Y nada. Almorzar y subir. Troceando estos trozos de hiel. Trasladando estos trozos de éter constatado desde la espalda. Dados y dados y nada más. Unos números más. Y algo más que sale de dentro o de la espalda. Quién lo dijo. El mareante tal vez. El traficante de olas manejadas por las gaviotas. El traficante de peces que pescaba barcos y avionetas tal vez. El comerciante del que une las horas y los estados pendientes. Las jaleas. Y esa oscura realeza. Y esa miel. Un segundo más.
martes, 17 de febrero de 2009
La creación subterránea
Hay barcos que zarpan y otros que desembarcan
y miles de gatos que arañan antes de salir,
porque el mar los tiene ciegos de sed y de promesas líquidas
que se escurren entre las uñas o se sueltan, y se van.
Quiero decir que este mal marea, más que el mar.
Y nos tiene sin leyes, pero nos crea, más que el mal.
Nos protege y nos lleva de viaje, una vez más,
nos embarca en la fiebre del tierno navegar,
des del ombligo hasta el fin del mar.
y miles de gatos que arañan antes de salir,
porque el mar los tiene ciegos de sed y de promesas líquidas
que se escurren entre las uñas o se sueltan, y se van.
Quiero decir que este mal marea, más que el mar.
Y nos tiene sin leyes, pero nos crea, más que el mal.
Nos protege y nos lleva de viaje, una vez más,
nos embarca en la fiebre del tierno navegar,
des del ombligo hasta el fin del mar.
lunes, 16 de febrero de 2009
La Vía Láctea, camino de la imperfección
Camino de la leche,
Hércules sorprendió a su “madre”,
y a ella se le fue de las manos.
Alcmena por Hera,
y Zeus entre dos serpientes.
Quién supiera el derramar furioso
de La Vía Láctea,
para atestiguar el nacimiento
de la imperfección.
Entre leches y estrellas,
mortales y confusión,
(y Dioses en carne viva),
observamos que el ciclo
se tornó un ciclón.
Hércules sorprendió a su “madre”,
y a ella se le fue de las manos.
Alcmena por Hera,
y Zeus entre dos serpientes.
Quién supiera el derramar furioso
de La Vía Láctea,
para atestiguar el nacimiento
de la imperfección.
Entre leches y estrellas,
mortales y confusión,
(y Dioses en carne viva),
observamos que el ciclo
se tornó un ciclón.
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