Y quién me dirá que se fueron sus súplicas,
sus llamadas, su imperiosa voluntad.
Quién dirá que se fueron sus largas túnicas,
sus velos y risas escondidas tras el mar.
En qué mediran sus desacomplejados gestos,
si ya no están, sus inspirados restos,
si ya son menos que arcilla y pan,
(algo menos) que un quejido en que soñar.
miércoles, 25 de marzo de 2009
martes, 24 de marzo de 2009
Las lágrimas contadas
Y ahora quién se encargará de llenar los vasos de las plañideras, y quién velará sus tumbas, desde Judea hasta esta ciudad, hoy, en ninguna parte. Aquí se esfuman estas aguas sin piedad, a más velocidad, y los trenes no esperan ni guardan, a nadie, desde aquí. Quién no podrá subir las persianas para memorar su llanto, su falsa súplica, su bella actuación premeditada y esa ofrenda al devenir social. Cómo no encontrarlas en cada vaso, en cada gota en nuestra intimidad. Cómo encontrarlas entre tanto asfalto, entre tanta arcilla quemada en la ciudad, entre tanto lodo escondido, y tanto muerto por plañir. Cómo olvidar ese secreto sacrificio, esas ruinas contadas, esa sangre medida, ese mar.
lunes, 23 de marzo de 2009
Sonido y piel
Siento tu cuerpo, siento tu cuerpo crístico.
Siento la realidad de tu estómago repicar en la cavidad de mis pulmones.
Siento tus manos, y siento también tu alma.
Siento tu dolor, tu dolor de estar muerto.
Siento la realidad de tu estómago repicar en la cavidad de mis pulmones.
Siento tus manos, y siento también tu alma.
Siento tu dolor, tu dolor de estar muerto.
viernes, 20 de marzo de 2009
en el fondo (de este bar)
Por la espalda se leyeron
los mapas de incienso,
las huellas del aire removido,
las pistas del andar.
Por la espalda se leyeron
respirando en braile,
en movimiento contínuo,
sin son ni detención.
Sin ton, sin música externa,
sin ollas a presión, desenlazando
los músculos del compás
y permitiendo que entrara
el aire una vez más.
Permitiendo que saliera
la muerte ajena a todo
el resonar, atenta y perdida
de tanto marchar.
Como palomas dormidas,
desentrenadas de ahogarse
en un lago de antaño y de cristal.
Cómo la música que renace de raíz.
Como el eterno sonido que vuelve
y se cierne, que muerde y se va,
que hunde sus huellas en la orilla,
que se borra y se queda
en el fondo (de este bar).
los mapas de incienso,
las huellas del aire removido,
las pistas del andar.
Por la espalda se leyeron
respirando en braile,
en movimiento contínuo,
sin son ni detención.
Sin ton, sin música externa,
sin ollas a presión, desenlazando
los músculos del compás
y permitiendo que entrara
el aire una vez más.
Permitiendo que saliera
la muerte ajena a todo
el resonar, atenta y perdida
de tanto marchar.
Como palomas dormidas,
desentrenadas de ahogarse
en un lago de antaño y de cristal.
Cómo la música que renace de raíz.
Como el eterno sonido que vuelve
y se cierne, que muerde y se va,
que hunde sus huellas en la orilla,
que se borra y se queda
en el fondo (de este bar).
jueves, 19 de marzo de 2009
Tierra sin pintar
Me quedé sin tierra.
Sin tierra que coger,
sin tierra que pisar.
Y se alzaron,
las espinas al vuelo
y el alma en el jardín.
Me olvidé de escuchar,
me olvidé de contar.
Me planté sin tierra
en el estanque del jardín.
Y me soñé sin mar,
y me sentí sin pan,
y me tumbé,
cansada y despierta
y con las manos
y las uñas
sin pintar.
Sin tierra que coger,
sin tierra que pisar.
Y se alzaron,
las espinas al vuelo
y el alma en el jardín.
Me olvidé de escuchar,
me olvidé de contar.
Me planté sin tierra
en el estanque del jardín.
Y me soñé sin mar,
y me sentí sin pan,
y me tumbé,
cansada y despierta
y con las manos
y las uñas
sin pintar.
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