viernes, 27 de mayo de 2011

La vida secreta de los cajones

Cuando la vida no era fuego,

solía pasear a mis anchas

los veranos eran largos

y el tiempo pasaba despacio.

Cuando la vida no era fuego

andaba ligera de cascos

y resonaba el aire en mi cuello

como las hojas enredadas.

Cuando la vida no era fuego

existía un lago en cada banco

guardaba el silencio al lado

como un abrigo de plumas

blancas y escudriñadas.

Cuando la vida no era fuego

tenía tiempo de merodear

tenía tiempo de observar

y nadie me preguntaba,

y yo libre aguardaba.

Cuando la vida no era fuego

escribía en mis papeles de agua

y trepaba por los muros

como una nube de escarcha

y llaves y sellos y secretos.

Cuando la vida no era fuego

planeaba como los aviones

y me escondía en los cajones

y nadie me preguntaba,

y yo libre aguardaba.